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España » Estado de Ciudad Real » Villamayor de Calatrava » Más Cultura / Jueves 10 de Noviembre del año 2005 / 17:52 Hrs. Piratas berberiscos tráfico de esclavos El corso ingles... Los Piratas en Canarias La piratería en Canarias: El descubrimiento de América y la penetración europea hacia el Indico a través de la costa occidental africana convierten a las Canarias en una encrucijada de las rutas marítimas. Apenas avanzado el s. XVI comienza el tráfico naval entre las colonias españolas de ultramar y la metrópoli. Los barcos regresaban cargados de tesoros y especias, y sus rutas tenían que pasar forzosamente entre las Azores y Canarias; de esta forma, los mares de las islas son lugares de espera para las flotillas piratas. La piratería en aguas de Canarias empieza en el primer tercio del s. XVI, toma inusitada actividad hacia su final, y continúa durante todo el s. XVII y XVIII, hasta su ocaso en la primera década del s. XIX. Piratas franceses: Ya en tiempos de la conquista aparecen aventureros franceses que eligen como bases la isla de Lobos y el cabo de Anaga. Corsarios y piratas dificultan en no pocas ocasiones el intercambio exterior y dañan indirectamente la economía canaria al impedir el tráfico interinsular, a la vez que se debe a ellos la entrada de numerosos productos, prohibidos al comercio regular. La enemistad entre la España de Carlos V (1500-1558) y Francia hace que sean franceses los primeros piratas que aparezcan en las islas. Los corsarios galos más conocidos aquí son Juan Florín y François Leclerc, este último apodado pie de Palo (Jambe de bois), el cual saqueó e incendió el puerto de Santa Cruz de La Palma (1553); otras acciones similares se sucedieron en Tazacorte y San Sebastián de La Gomera. En 1762 llega, para combatir a los ingleses, el buque Le Rubis, al mando del corsario François Desseaux; algo más tarde, en 1797, la corbeta La Mutine, cuya tripulación contribuyó a la defensa de la ciudad de Santa Cruz frente al ataque de Nelson, fue saqueada en el puerto santacrucero por los ingleses. Poco después llega a las aguas canarias un nuevo corsario para reemplazarla, el conocido con el nombre de La Mouche. La actividad de estos piratas permitió la entrada en las Islas de ciertos artículos, como es el caso de los libros extranjeros a los que no se hubiera tenido acceso de otra manera. Piratería Inglesa: Al heredar Felipe II el trono español se desata la rivalidad angloespañola. Como consecuencia, igual que en todas partes del imperio, las Canarias se convierten en blanco de los ataques de la piratería inglesa. Los ataques y saqueos son tan frecuentes que el Rey se ve obligado a fortalecer el aparato defensivo del archipiélago. Entre las medidas tomadas sobresalen la creación del cargo de Capitán General y el envío de , más tarde, del ingeniero italiano Torriani con la misión de levantar torres y castillos en aras de su mejor defensa. Muchos de éstos aún se conservan (castillo de Guanapay, en Lanzarote). Entre los piratas ingleses más conocidos y temidos sobresalen John Poole, Cooke, John Hawkins, más conocido en las islas como Aquines, y que mantuvo largas relaciones comerciales, más o menos clandestinas, con Pedro Ponte, mercader y gran propietario tinerfeño de origen veneciano , además de Drake (1585) y Blake (1656). El ataque de este último a Santa Cruz de Tenerife podemos considerarlo como un intento más de Inglaterra por apoderarse de la isla. El ataque de H.Nelson, el famoso almirante inglés, al Puerto de Santa Cruz de Tenerife en Julio de 1797 debemos enmarcarlo en este apartado de ataques navales; aunque tuvo fuertes implicaciones políticas, pues España, como aliada de Francia, estaba en guerra con Inglaterra, y la Plaza de Santa Cruz había sido reforzada con un destacamento francés. La defensa del puerto corrió a cargo del general Gutiérrez, y en esta acción, gloriosa para las tropas canarias, el poderoso marino inglés hubo de retirarse no sin antes perder un brazo y parte de sus banderas y soldados. Holandeses y berberiscos: Al llegar el s. XVII, son también los holandeses los que protagonizan episodios piráticos en Canarias; sus objetivos, aparte del móvil del botín, son políticos y bélicos. A este respecto, el holandés Pieter Van der Does comanda contra Las Palmas de Gran Canaria (1599) la operación más formidable de todos los tiempos, resultado de la cual fue la ocupación, saqueo e incendio de la ciudad. En esta incursión, atacó también, San Sebastián de La Gomera, y Santa Cruz de La Palma. Los berberiscos azotaban las islas desde los tiempos de la conquista, quizás como réplica a las incursiones punitivas que nobles y militares españoles de Canarias hacían en sus costas de Africa. En el s. XVII arrecian las expediciones berberiscas sobre las islas; son las orientales las que más sufren las consecuencias y los moriscos residentes en éstas, que vivían como esclavos, facilitan a sus hermanos piratas el rastreo de tesoros. San Sebastián de La Gomera fue otro de los puertos que soportó los ataques y saqueos de estos corsarios. Alcanzaron renombre por sus fechorías los apodados en las islas por El Turquillo y Cachidiablo. Consecuencias de la piratería: Los ataques piratas a villas y puertos con fines de capturar tesoros o apoderarse de víveres y vinos se traducen en incendios, saqueos y muertes; ello obliga a militarizar las islas con las consiguientes cargas sobre la población, y como medida de precaución, las villas y poblados se asientan en lugares no visibles desde la costa. Por otro lado, muchos archivos y obras de arte desaparecen por los incendios, provocados por los corsarios. Sin embargo no siempre las escuadras piratas venían en son de rapiña. Muchas veces lo hacían con la finalidad de practicar el contrabando con los naturales isleños; ciertos magnates canarios debieron su fortuna a este comercio clandestino con los piratas a lo que las autoridades hacían la vista gorda. La cuestión era sobrevivir en un espacio insular a medio camino entre las colonias americanas y la metrópoli española. Otras veces, los ataques tenían sencillamente motivaciones políticas. Historia de la Piratería Evolución de la piratería: Junto con el tráfico fenicio con Occidente se desarrolló un fuerte núcleo pirático en el Egeo con centro en Delos. El objetivo fue en un principio la obtención de prisioneros, que proporcionaban rescates. Polícrates, rey de Samos, enmarcó el gran período de hegemonía de la piratería antigua. Posteriormente, Mitrídates, rey del Ponto, utilizó a los piratas del Mediterráneo en su lucha contra Roma dándoles un porcentaje sobre lo que saqueaban. Roma. La guerra de los piratas: Roma combatió duramente a los piratas. En el año 67 a.C. Pompeyo emprendió una expedición contra los piratas del Mediterráneo que privaban de víveres a Roma. Provisto de poderes excepcionales por la lex Gabinia mandó escuadras a diferentes sectores y se reservó los accesos a Cilici, guarida tradicional de los piratas. La campaña terminó en tres meses; se consolidó la pacificación del mar mediante el trasplante de algunas poblaciones piratas. Con la caída del imperio romano la decadencia del comercio privó a la piratería de su razón de existir. Los vikingos (s.VIII): En el siglo VIII, piratas sarracenos surcaron el Mediterráneo; sin embargo, el centro de la actividad pirática la ocupaban los piratas nórdicos, que infestaban las costas de Europa occidental: los normandos: vikingos emprendieron pronto la conquista de los países donde desembarcaron. El nombre de vikingos, deriva del antiguo término nórdico vikingr, usado para describir a escandinavos en viaje de pillaje, en los que saqueaban, asesinaban y también comerciaban. Practicaron frecuentemente el comercio de esclavos y el secuestro a cambio de rescate. En el siglo IX cesaron sus saqueos y se convirtieron frecuentemente en mercaderes. Desde que el comercio con Oriente recobró su importancia en la época de las cruzadas, el florecimiento de las repúblicas italianas se vio acompañado del incremento de la piratería. Piratas berberiscos: Durante la edad media ésta se practicó abiertamente, dando origen a la creación de importantes capitales comerciales; los nuevos protagonistas fueron los piratas berberiscos; su principal foco, con centro en Metredia, fue el N de Africa; acrecentados por los musulmanes andaluces expulsados de España en 1492, y unidos a los corsarios del sultán de Constantinopla, llegaron a dominar tres cuartas partes del Mediterráneo; sus jefes, los hermanos Barbarroja, hicieron de la piratería una empresa oficialmente otomana, cuyo impulso se prolongó hasta la derrota de Lepanto de 1571. La dominación francesa de Argel (1830) acabó con los piratas berberiscos. Durante la edad moderna, el escenario de la piratería se trasladó a América. El sistema comercial del monopolio hispano atrajo a las Antillas, principalmente, a los piratas. Nuevos matices se añadieron a la piratería clásica: los bucaneros y los filibusteros, cuya existencia no hubiese sido posible sin la ayuda encubierta de los gobiernos británico, francés y neerlandés. Su objetivo era robar a los barcos españoles que de América se dirigían a la península, y el tráfico de esclavos negros; pero al afirmar que se trataba de un acto de rebeldía por no aceptar el monopolio hispano y portugués, su actuación adquirió un carácter político. Relaciones entre piratas y comerciantes: Durante los siglos XVI, XVII y XVIII el contacto de los piratas con el mundo de los negocios fue muy estrecho; se formaron sociedades para financiar expediciones. Por otra parte, la acción de los piratas se fue modificando de acuerdo con los adelantos técnicos; la primitiva técnica del abordaje fue abandonada al armarse los barcos con cañones; el negocio del mar requirió mayores inversiones, de ahí que los capitanes de los barcos estuviesen muy ligados con los comerciantes de especias de Amsterdam o Londres, con los banqueros italianos o con los comerciantes de Liverpool; las expediciones requirieron una organización más compleja; los barcos mercantes fueron transformados para el ejercicio de la piratería. El tratado de Ryswick (1697) entre las potencias coloniales trasladó la piratería de Hispanoamérica a América del N y, sobre todo, al continente asiático (mar Rojo y costa de Malabar); fueron los funcionarios de la compañía de las Indias quienes iniciaron en contra de los neerlandeses, las acciones piráticas en el océano Indico con base en Madagascar. Pero el fin de la piratería occidental estaba próximo. En el siglo XIX sólo perduraron algunos piratas aislados en ciertas costas de Africa, golfo Pérsico, China y Polinesia. El desarrollo industrial y la máquina de vapor, hicieron las empresas muy costosas y arriesgadas; la piratería se vio impotente ante el avance técnico de los medios de comunicación y de organización defensiva. Corsarios: El corsario es el particular que en virtud de contrato (carta de marca o patente de corso) estipulado con el estado bajo cuyo pabellón navega, persigue, captura, o visita barcos mercantes de países enemigos, quedándose con las presas capturadas o parte de ellas, y sujetándose a reglas previstas por la legislación (por ejemplo el Libro del Consulado del mar o el código de las Partidas en el caso de los dos grandes estados hispánicos medievales). En la práctica, sin embargo, es difícil determinar dónde empieza la piratería y dónde termina el corso, que degenera fácilmente en aquélla; el mismo individuo es considerado a veces corsario por sus compatriotas y pirata por los enemigos. Ya las colonias griegas a lo largo de todo el Mediterráneo sufrieron los asaltos de los etruscos con gran frecuencia. Corsarios y tráfico de esclavos en el Mediterráneo: Estuvieron muy relacionados, generalmente practicándolo, pero a veces persiguiéndolo. En los estados hispánicos adquirió importancia creciente con el estancamiento de la reconquista, proveedora de abundante y barata -cuando no gratuita- mano de obra esclava, y conoció un gran auge a raíz de la escasez de mano de obra consecuente al cataclismo demográfico producido por la peste negra. Las operaciones a furto (de corso) contribuyeron a la formación de una rica burguesía sevillana en el siglo que precede al descubrimiento de América. Antes de participar en éste Vicente Yáñez Pinzón pirateaba frente a las costas catalanas. Una fiebre de piratería esclavista legal se apoderó de catalanes, valencianos y mallorquines, produciendo enormes beneficios a corto plazo, pero contribuyendo a la decadencia económica catalana a la larga, por ruptura de relaciones y represalias que ello entrañaba (los desmanes de J. de Vilaregut provocaron violentas reacciones flamencas. Corsarios catalanes se enfrentaron a corsarios provenzales y genoveses, corsarios cristianos se enfrentaron a corsarios musulmanes, empleando métodos y persiguiendo objetivos similares: no contentos con apresar infieles, los únicos con los que les era lícito traficar, unos y otros revendían, ocasionalmente, a correligionarios, cuando éstos constituían el cargamento de naves enemigas apresadas. En el s. XVIII el almirante Barceló proveía aun a la corona de miles de esclavos destinados a arsenales, minas de Almadén y obras públicas: no todos estos esclavos, procedentes del corso contra berberiscos, eran musulmanes ni súbditos de países enemigos. Ruta del oro americano: A pesar de que en España Fernando el Católico prohibió, en 1496, a sus súbditos practicar el corso (la prohibición duró hasta el reinado de Felipe IV) en el Atlántico, a partir de la piratería apátrida sin apoyo gubernamental alguno, que surgió tras el descubrimiento de América, Francia, Inglaterra y las Provincias Unidas fomentaron la proliferación corsaria que se produjo en la carrera de Indias desde la segunda mitad del s.XVI y que mantuvieron en un estado endémico de guerra marítima irregular al monopolio español en Indias (captura de galeones del tesoro, incursiones en puertos coloniales). Entre los holandeses, Guillermo de Orange, siguiendo los consejos de Coligny, resuelve a fines del siglo XVI organizar a los indisciplinados y aguerridos aventureros del mar para aumentar sus fuerzas militares y combatir a los españoles, entre ellos al Duque de Alba, que se ve por ello obligado a prestar atención a los piratas que despreciaba. Las causas que determinaron el incremento de la piratería fueron, en primer lugar, la concesión pontificia reservando el Nuevo Mundo para España y Portugal, el sistema comercial de monopolio, el régimen de flotas y la doctrina del mare clausum impuesta por España que incitó a los extranjeros a conquistar el botín por la fuerza de las armas. Otra causa fue el gran número de extranjeros que llegaron a participar en la vida económica española y portuguesa, así como la unión de las coronas española y portuguesa. Durante el tiempo que ésta se mantuvo, los portugueses pudieron navegar por zonas españolas, conocieron las rutas, la configuración de las costas, los puertos, etc., que luego, al separarse de España (1640) no tuvieron inconveniente en enseñar a los flamencos y franceses que les servían como pilotos. También actuó como factor importante en la piratería el término de las guerras de religión que dejó inactivos a muchos soldados profesionales y, muy importante, el hecho de que España no pudo poblar todas las islas del Caribe, y menos ejercer un control sobre ellas. Bastantes islas y grandes extensiones del litoral de las mayores se vieron huérfanas de toda protección militar y se convirtieron en nido de piratas. Los piratas solían vivir en comunidad acatando la dirección de un jefe. El botín era repartido según el valor, esfuerzo o categoría jerárquica. El pirata que perdía un ojo solía recibir 100 escudos, el que perdía un pie era compensado con 200 escudos. En la piratería del mar de las Antillas, los años de 1585 a 1625 pertenecen a las actividades de Hawkins y Drake y es una etapa de predominio inglés. Sus éxitos abrieron el camino a las potencias europeas que deseaban minar el poderío español. La segunda etapa es de predominio holandés, destacando Balduino Enrico, que dirigió sus ataques principalmente contra Puerto Rico. Jamaica. Base del corso inglés: A partir de la segunda mitad del s.XVII España se vio impotente para poner remedio a estos males; eran los años que siguieron a la paz de Westfalia, y su debilidad se reflejaba en el Nuevo Continente. Desde estas fechas y aprovechando el momento más oportuno, los ingleses volvieron a ser los corsarios más temidos e importantes. Poseían desde 1655, la isla de Jamaica, que les sirvió como base de operaciones y a partir de entonces la vida española en las islas del Caribe fue una continua zozobra. Entre 1665 y 1666, más de 400 haciendas de la costa cubana fueron asaltadas. El conde de Lemos, virrey de Perú, escribió en 1666, desde Portobello, haciendo notar a la Corte española lo vital que era recuperar Jamaica y crear una potente flota de exterminio contra los piratas. Sir Henry Morgan (Llanrhymni, Gales 1635-Port Royal 1688): Saqueó Portobelo y abandonó la plaza a cambio de 150.000 pesos. En 1671 saquea y destruye Panamá. Inglaterra reconoció sus servicios con nombramientos oficiales en Jamaica. Combatió la piratería en los últimos años de su vida. Piratería. s.XVIII: Con la retirada de Morgan se entra de lleno en la piratería del s.XVIII, que tiene como característica su tono oficial mucho más declarado que en la centuria anterior. Luis XIV elaboró un plan muy parecido al western desing cromwelliano y encargó de realizarlo al barón de Pointis. Secundaban a éste 10.000 hombres a bordo de 22 navíos; se trataba de apoderarse de la fortaleza de Boca Chica. La empresa venía financiada por un grupo de armadores de rest, pero la puesta en práctica quedó interrumpida por la paz firmada entre España y Francia. Introducidos los Borbones en el trono español, Inglaterra se decidió a atacar a las dos potencias aliadas en sus dos frentes, el norteamericano, donde estaban las posiciones francesas, y el antillano, puerta grande de la América española. El peligro inglés fue poco a poco tomando cuerpo, trazándose planes oficiales que distaban mucho de ser las empresas particulares de siglos anteriores. Lo que se pretendía era yugular el Imperio Hispánico a través de Panamá. Interesaba la vía del istmo, a lo largo del río San Juan, con el fin de cortar en dos el gran cuerpo del Imperio. Pretendían, contando con la financiación de un banquero escocés llamado Patterson, abrir un canal de océano a océano. Inglaterra tenía planteados en Norteamérica problemas inaplazables con los franceses por lo que el plan no siguió adelante, ni tampoco el ritmo de ataques a otras posesiones españolas. Los ingleses consiguieron pocos años después (1763) arrinconar a los franceses en el Canadá, pasando ellos a controlar las inmensas tierras del continente norteamericano. España, unida por pactos de familia con los Brobones, ayudó a Francia, pero no se pudo impedir que el Imperio Francés en América quedase completamente arruinado. Período de decadencia: Aunque no fue abolido en la mayoría de los estados hasta el congreso de París de 1856 (en 1908 en España), el corso euroamericano y mediterráneo había entrado en plena decadencia paralelamente a la de las políticas económicas tendentes a confundir la riqueza con su símbolo, a la del concepto legal de que las presas de guerra son propiedad privada del combatiente individual (la estatización de los prisioneros de guerra remonta al s. XVIII), así como a la constitución de imperios coloniales por parte de los estados que, excluidos de la repartición del Nuevo mundo efectuada por el papado en beneficio de españoles y portugueses, lo habían fomentado anteriormente. El gran corsario se hizo entonces negrero, mercader o marino, mientras el corsario de poca monta se hizo pirata o contrabandista; las bases terrestres de bucaneros y filibusteros en las Pequeñas Antillas aceleraron su transformación en colonias de explotación normales -inglesas, francesas y neerlandesas- sin dejar de ser trampolines para toda clase de tráfico ilegal con los puertos coloniales del Caribe. Los actos de piratería y los tiempos de guerra: La profesión de pirata tiene un origen muy antiguo y se ha mantenido más allá de 1800. Durante muchos siglos fue la única forma posible de guerra marítima. La conquista de Inglaterra por los normandos no se llevó a cabo por medio de grandes batallas marítimas. Los piratas fueron considerados como auxiliares en caso de guerra. Con la aparición de la patente de corso la actividad se institucionaliza y se convierte en lícita en tiempo de guerra. En el caso de los caballeros de Malta o de los argelinos se puede considerar la guerra como institucionalizada y permanente. La creencia en el derecho de saqueo de los soldados estaba muy generalizada. La consideración jurídica del saqueo se ha mantenido hasta muy tarde. Todas las grandes batallas navales de la armada inglesa del siglo XVIII tienen aspectos y detalles de piratería. Nelson , a quien habría sorprendido e indignado cualquier comparación con los piratas, pleiteó durante muchos años con su antiguo jefe y protector, Lord Jervis, conde de Saint-Vincent, por el derecho de presa de unos navíos en cuya captura no había participado directamente ninguno de los dos. Al haber zozobrado en un temporal casi todos los barcos apresados por los ingleses en la batalla de Trafalgar, los marineros hubieran debido perder con ellos su derecho de presa; pero el Parlamento inglés, entusiasmado por la victoria, los consoló votando a su favor una importante compensación: 320.000 libras esterlinas para 4 barcos conservados y 16 perdidos. (Cioranescu) El vencedor se siente obligado a pagar lo que hubiera debido pagar el vencido, ejemplo evidente de la persistencia del uso pirático. Vilaragut:Familia catalana cuyas ramas se extendieron por Cataluña, Valencia y Baleares. La rama valenciana tuvo una destacada actividad en los primeros decenios del s. XV: representantes del partido filocatalán y tradicionales rivales de los Centelles, protagonizaron las banderías de comienzos de siglo, en las que se distinguieron Joan y Berenguer. Almadén:Mina de cinabrio que impregnan las cuarcitas y pizarras silúricas. Situada en Ciudad Real, en el yacimiento de mercurio más importante del mundo, éste se viene extrayendo desde el s: IV a. J.C. El mineral impuro llega a contener hasta un 7,21 % de mercurio. » http://club.telepolis.com/mgarciasa/var/corso.htm |