El tabaquismo Fumadores Efectos del Cigarro Exfumadores Fumador pasivo
Tabaco: enfermedades que produce Riesgos...
El tabaquismo


Concepto de fumador En materia de tabaquismo la población puede ser clasificada en:


Fumadores:

Se Incluyen tanto los individuos que consumen tabaco de forma habitual como los que lo hacen de forma esporádica. No existe unanimidad acerca de a quienes debemos considerar fumadores leves, moderados o severos ni del límite exacto que separa el fumador habitual del esporádico. En los trabajos científicos suelen aparecer rangos de clasificación pero estos son variables y en todo caso arbitrarios, así, y a modo de ejemplo, un fumador de mas de 20 cigarrillos al día podría llamarse fumador severo, entre 10 y 20 moderado y menos de 10 leve.

Pero en este punto es necesario hacer algunas consideraciones:

No sólo debe tenerse en cuenta el número de cigarrillos ya que no todas las personal que consumen tabaco lo hacen de la misma manera pudiendo existir amplias variaciones en la profundidad de la calada, el tiempo de retención del humo en sus pulmones, el tipo de tabaco consumido ... etc.

Ante el mismo nivel de exposición hay diferencias muy significativas en cuanto a la susceptibilidad de los diferentes sujetos para desarrollar las diferentes enfermedades relacionadas con el tabaco. Así, no puede equipararse el riesgo de fumar en una embarazada o en un enfermo crónico que en un sujeto sano.

El nivel de exposición al tabaco tiene un efecto acumulativo, por lo que aparte del consumo actual o puntual es de gran interés el consumo global a lo largo de toda la vida. En este sentido, los médicos cada día más anotan en sus informes un índice denominado paquetes-año y que no se refiere al consumo de paquetes al año sino al consumo de tabaco durante toda la vida del sujeto. Se calcula multiplicando el número de paquetes al día por el número de años fumando esa cantidad. Veamos un ejemplo: Un fumador de 1 paquete al día durante 5 años y que posteriormente incrementa su consumo a un paquete y medio al día durante 20 años más, será un fumador de: (1 x 5) + ( 1,5 x 20) = 5 + 30= 35 paquetes-año.


Exfumadores:

Tampoco está bien establecido el tiempo necesario para considerar a un paciente como exfumador. Lo más habitual es admitir el plazo de un año de abstinencia. Sí existe acuerdo unánime en que esta abstinencia debe ser absoluta y total no debiendo haber recaído ni siquiera con una calada durante ese tiempo.


No fumadores:

En este grupo se clasifican los sujetos que nunca han tenido una exposición al tabaco de forma activa ni mantenida.


Fumador pasivo:

Es un grupo aparte que merece especial atención. Al consumir un cigarrillo se producen dos tipos de corrientes de humo: la primera (corriente principal) es aquella que, al aspirar una calada, pasa por el interior del cigarrillo hasta alcanzar los pulmones del fumador activo; la segunda (corriente secundaria) es la que se desprende al ambiente desde el extremo incandescente del cigarrillo y que puede ser inhalada por un sujeto pasivo que respira en ese entorno contaminado. La nocividad de esta corriente secundaria para el fumador pasivo actualmente está fuera de toda duda.

Aunque en nuestro medio se consume tabaco principalmente en forma de cigarrillo, la venta de puros está creciendo a gran velocidad y otras labores alternativas como los bidi (pequeños cigarrillos originarios de la India de fabricación semiartesana y con sabores variados: fresa, chocolate, frutas ...), o el tabaco de mascar se están introduciendo en determinados colectivos.


El tabaquismo es un fenómeno social

El consumo de tabaco se introdujo en la cultura occidental a partir del descubrimiento de América cuando los primeros expedicionarios de aquellas tierras comenzaron a imitar de los indígenas ese rito ancestral. Ya han transcurrido casi 500 años desde entonces y en la actualidad esa vieja costumbre se ha convertido en un fenómeno de masas adquiriendo una trascendencia social sin precedentes.

Basándonos en encuestas fiables, se estima que en la actualidad un tercio de la población mundial fuma. Si a esto añadimos las dantescas cifras de muerte y enfermedad provocado por el consumo de esta sustancia, podremos asegurar que estamos ante una epidemia de primera magnitud.


El tabaquismo es una auténtica drogadicción

Una idea errónea frecuente es considerar el tabaquismo como un simple hábito comparable, por ejemplo, al de morderse las uñas, al de abusar de determinados alimentos o al de rascarse el cuero cabelludo. En este sentido tenemos que decir que aunque el componente de hábito y de gesto es indudable y de gran importancia en el fumador no debemos olvidar que la nicotina del tabaco posee un extraordinario poder adictivo siendo capaz de provocar profundos cambios en nuestro sistema nervioso central (cerebro) y que su supresión brusca al dejar de fumar desencadena un auténtico síndrome de abstinencia.

No debe extrañarnos, por tanto, que los expertos en materia de drogodependencias afirmen que el poder adictivo de la nicotina supera al de la heroína o la cocaína.

Cada fumador tiene su historia tabáquica particular y como tal se va desarrollando siguiendo un proceso dinámico que transcurre por una serie de etapas. La mayoría de los fumadores se inician en la infancia o la adolescencia y en este comienzo intervienen numerosos factores: entorno de amigos, actitudes de padres y educadores, modelos sociales, publicidad, perfil psicológico del sujeto, e incluso factores genéticos. Una vez que el sujeto se ha iniciado, el poder altamente adictivo de la nicotina se encarga de que el hábito se mantenga y que con el tiempo el sujeto se vea privado de la libertad suficiente para dejar de fumar.


Enfermedades producidas por el tabaco

En un informe reciente, la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha publicado y reconocido que el tabaco es el responsable de al menos 25 grupos de enfermedades de alta relevancia para la salud pública entre los que se incluyen: bronquitis crónica y enfisema, cáncer de pulmón, angina de pecho e infarto de miocardio, enfermedades vasculares, trombosis cerebral, impotencia e infertilidad, otros cánceres (boca, laringe, esófago), osteoporosis, úlcera péptica ... etc.

Las muertes en nuestro medio atribuidas al tabaco superan a las muertes sumadas producidas por el SIDA, los accidentes de tráfico, los accidentes laborales, la heroína o la cocaína juntos. Se estima que en la actualidad el tabaco produce mas de 4 millones de muertos cada año y que durante el segundo cuarto de siglo XXI será responsable de 300 millones de muertos. Con estos estremecedores datos se puede afirmar que el tabaco es la principal causa de muerte y discapacidad en el mundo occidental.

Por otro lado, la dependencia del tabaco reúne muchas de las características propias de las enfermedades crónicas incluyendo su evolución prolongada en el tiempo y sobre todo las frecuentes recaídas que con tanta frecuencia acontecen durante el proceso a pesar de conocer los catastróficos efectos para la salud y del deseo claro de abandono. El reconocimiento del tabaquismo como enfermedad crónica y recurrente es una valiosa ayuda para la deshabituación de esta drogadicción.


El tabaquismo es un negocio

Aunque resulte paradójico y contradictorio la gran epidemia del siglo se mantiene gracias a los intereses económicos de unos pocos. El tabaco se produce a bajo precio (cultivo barato, elaboración muy mecanizada, los cigarrillos son ligeros, compactos y resistentes con lo que los gastos en transporte y almacenaje son mínimos), se vende caro produciendo grandes beneficios (la industria del tabaco es una de las más rentables del mundo) y produce dependencia con lo que el consumo está garantizado. Las tabaqueras cuentan en la actualidad con grandes economistas, publicistas, abogados e incluso científicos.

Todo ello hace que esta industria haya alcanzado unas cotas de poder tales que resulte realmente improbable su extinción.


Vale la pena dejarlo

Aproximadamente dos terceras partes de los fumadores actuales afirman que les gustaría dejar de fumar. Aunque dejar de fumar tiene beneficios a cualquier edad, el abandono del tabaco antes de alcanzar la edad madura reduce sus efectos y los riesgos.

El consumo de cigarrillos es responsable de alrededor del 30% de todos los fallecimientos por cáncer, del 20% de muertes por enfermedades coronarias y accidentes cerebro-vasculares y del 80% de los casos de enfermedad pulmonar obstructiva crónica. En Andalucía, en 2000, el porcentaje de fumadores es del 38.9 % del total de la población con más de 12 años y el total de muertes atribuibles al tabaquismo fue del 14.8% en 1998.

Vale la pena dejarlo. Los beneficios derivados por dejar de fumar comienzan a notarse inmediatamente. Y es así porque:

los riesgos de contraer enfermedades importantes empiezan a reducirse de forma prácticamente inmediata

la respiración mejora rápidamente

disminuye la disposición a toser y a contraer infecciones

se recupera los sentidos del gusto y del olfato

y se obtendrá una mejoría general en la calidad de vida.


No hay duda que dejar de fumar es una de las decisiones más importante que se pueden tomar en la vida cara a la salud de cada uno.

Si ha decidido dejar el tabaco: ¡ENHORABUENA!: es un gran primer paso, que debe aprovechar. Su salud y la de los suyos se lo agradecerán.


Cada cigarrillo supone seis pesetas de coste a la Sanidad pública en gastos derivados de enfermedades relacionadas con el tabaco" según un experto de la SEPAR


Según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, debería caer un impuesto o canon de salud sobre las compañías tabaqueras para que destinen parte de sus beneficios a financiar la lucha contra el hábito de fumar


Sociedad y Salud

Se calcula que cada cigarrillo supone seis pesetas de coste a la Sanidad pública en gastos derivados de enfermedades relacionadas directamente con el consumo de tabaco según Carlos A Jiménez Ruiz, miembro del área de tabaquismo de la SEPAR. Esta sociedad científica considera que no es justo que la industria tabaquera, o parte de ella, haga uso de sus ingentes beneficios para desorientar a la opinión pública sobre los riesgos que entraña el humo del tabaco en el ambiente, y cree que se debería obligar a las compañías tabaqueras destinen un porcentaje de su beneficio a financiar la lucha contra este hábito.

El citado impuesto o canon de salud, la SEPAR cree que debería recaer principalmente sobre estas empresas, más que sobre los fumadores, y ello por dos razones: Primero -afirma el doctor Jiménez Ruiz-, porque son ellas quienes se están lucrando con la situación; y, segundo, porque si se tiene en cuenta que el tabaco es una droga, al fumador hay que considerarle más como víctima que como alguien que voluntariamente consume cigarrillos.

Además, los argumentos esgrimidos en las campañas publicitarias son parciales, es decir, acientíficos, pero es que además -señala el doctor Carlos A. Jiménez Ruiz, miembro del área de tabaquismo de la SEPAR- se está jugando con ventaja en el terreno económico, toda vez que la industria dedica a este fin sólo una parte de sus ganancias, mientras que si el Ministerio de Sanidad quisiera hacer una campaña contraria debería sacar el dinero del bolsillo de todos los españoles. En consecuencia, continúa el doctor Jiménez Ruiz - y dejando al margen la posibilidad, deseable, de que se prohíban tales actos publicitarios por engañosos, esta sociedad científica cree que se deberían dar los pasos precisos para obligar a las compañías tabaqueras a que destinen una parte de sus beneficios a luchar contra el tabaco.

Cierto es que medidas adoptadas en países como Francia o Canadá, tendentes a incrementar el precio del tabaco, han conseguido reducir el impacto del tabaquismo sobre la población, especialmente entre los más jóvenes, pero esta iniciativa tiene, según el citado neumólogo, un límite: Mientras el tabaco sea una droga permitida, e incluso participada en su producción y comercialización por el Estado, como ocurre en España, no se puede esperar que el tabaco llegue a tener un coste capaz de disuadir al ciudadano medio.

La idea de que la industria tabaquera dedique parte de sus beneficios a sufragar campañas contra el tabaco y métodos de ayuda a la deshabituación, no es nueva. En EE. UU, hay ya una compañía, que desde el mes de marzo de 1999 se ha comprometido a aportar el 5 por ciento de sus beneficios antes de impuestos a este fin. Tal iniciativa,se produjo después de que 60 despachos de abogados canalizaran una querella de miles de ciudadanos norteamericanos que se consideraban a sí mismos dependientes de la nicotina.

El precedente está ahí, y es de prever que más pronto o más tarde, el resto de la industria del sector no tenga más remedio que imitar el ejemplo del grupo norteamericano , comenta el doctor Jiménez Ruiz, para quien, sin embargo, no es concebible que en España se produzcan a corto plazo reacciones sociales contra el tabaco como las que se vienen suscitando en el país americano.


» http://www.indalia.es/canalespersonales/salud2/tabaquismo/12222/index.htm


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