La Pesca Submarina Buceadores Origen Tecnicas de pesca Profundistas La Apnea
La pesca profunda Pezca a la espera ProfundistaRiesgos de la Apnea...
HISTORIA DE LA PESCA SUBMARINA


El mar siempre fue un atractivo para la raza humana. una atracción que quizás nos viene de la herencia genética (las primeras formas de vida), o de la curiosidad, sus riquezas y sin duda su belleza. Pero, ¿Cuando empezó el hombre a sumergirse bajo las aguas de los mares?. Desde la prehistoria conocemos los restos que nos dejaron los pueblos ribereños que certifican que la recogida de moluscos y crustáceos formaba parte de su alimentación habitual. Primero cogerían aquellos ejemplares que la bajamar dejaría al descubierto y poco a poco, descubriría que bajo la superficie existía un mundo prometedor. La necesidad le haría vencer el miedo y primero la cabeza y luego todo el cuerpo comenzaría la exploración submarina. Muy pronto se descubriría que además del alimento se podían conseguir un medio de vida comercializando los productoos que se extraían: las perlas, el nacar, las esponjas, el tinte...


Buceadores persas

Primero con sus ojos cegatos bajo el agua, con su flotabilidad positiva, por cortísimos espacios de tiempo, bajaría a poca profundidad intentando recoger la cosecha generosa del fondo. El éxito lo llevaría a posteriores descubrimientos: unas rudimentarias gafas de conchas, una piedra de péndulo que le permitía bajar a mayores cotas, el entrenamiento y la enseñanza de padres a hijos haría durar más las apneas.Luego vinieron las grandes civilizaciones y las conquistas y guerras. Los cretenses, los fenicios, los griegos y los romanos usaron buceadores entrenados para acciones bélicas.

Dentro de los ejércitos griegos figuraban los llamados urinatores, comparables con los hombres-rana de las organizaciones militares actuales. Las misiones de los urinatores consistían en atacar a mano las defensas enemigas, transportar víveres y armamentos a ciudades sitiadas o llevar mensajes escritos en brazaletes de plomo. Para neutralizar las maniobras de este tipo de combatiente se crearon varios medios de defensa, entre las que destacan redes sumergibles con cascabeles y de gigantescas ruedas llenas de cuchillas, las cuales se hacían girar en el agua para provocar bajas entre los urinatores.


LA PESCA SUBMARINA

Sin duda que se desarrollaría al mismo tiempo que el resto de la evolución del buceo. Sin embargo, nunca fue un medio de vida. Sería practicada por una minoría exigua, algún buceador que contemplaba con ella su aportación a la economía familiar. Se harían lanzas y flechas impulsadas primero por la fuerza del brazo y luego con nuevos inventos rudimentarios. Se sabe que se practicaba en el oriete africano y asiático. Aunque la gran tradición viene de la Polinesia, según los relatos de los marinos descubridores del Pacífico. Precisamente es un polinesio quien en 930 demuestra a los asombrados aficionados del grupo de Cousteau como realizar esta actividad submarina.

En 1936 aparecen en Francia las gafas binoculares Fernez, que sólo se podían usar en superficie pues la presión las aplastaba y hacía imposible la inmersión. El doctor Pulvenis acopla a una mascarilla de cristal único, dos esferas de goma huecas, una a cada lado, que al bajar equilibraban la presión con el aire que contenían. Taillez, del mismo grupo francés, parece que cambió todo fabricando unas gafas que incluían la nariz, con lo que se eliminaba para siempre el aplastamiento.

En 1933, Corlieu, fabrica las primeras aletas de caucho. En 1956 llega el neopreno traído de los Estados Unidos por Beuchat. A partir de 1960 se perfeccionan los fusiles, se desestiman los muelles y se perfilan los de goma y gas comprimido.


YA EN NUESTROS DÍAS

E l gran aprecio que sienten los occidentales a los deportes, la disponibilidad de horas de ocio, la vuelta a la actividad náutica, la tradicional cultura marítima mediterránea, perdida en gran medida desde la edad media, han hecho que sea en sus riberas donde florezca la pesca submarina. Franceses, italianos y españoles son los máximos exponentes deportivos que practican este bello deporte. Los grandes avances que tuvo el material submarino profesional beneficiaron y facilitaron la práctica deportiva.

Así aparecerían grandes míticos pescadores de entre los que destacan los españoles José Noguera y Juan Gomis; El francés Escaplez y el italiano Mazzari. En nuestros días los pescadores de nuestro país Amengual, Carbonell, March y Viña, forman la élite mundial de la Pesca Submarina, y son numerosos los que con ellos forman un plantel deportivo dificilmente superable. Hoy en día son miles los que practican la pesca submarina deportiva en todo el mundo. A su alrededor se ha creado una industria floreciente que pone a disposición del ser humano los medios para convertirse en una criatura marina más, un mamífero acuático como sus hermanos los delfines; de evadirse del mundo pesado y grávido y entrar en la vorágine de la vida marina.


LOS ORÍGENES DE LA PESCA SUBMARINA

L a historia sita los orígenes de este deporte en Francia, pero también España tuvo gran importancia en el desarrollo de la pesca submarina, siendo en la Costa Brava donde se introdujo en nuestro país.
Con motivo de la exposición internacional de 1929, llegó a Barcelona un japonés llamado Tokumori que pescaba provisto de lentes binoculares Fernez y un arpón en el extremo de una caña de bambú.

Finalizada la guerra civil española, tiempo en el cual la evolución de este deporte fue muy escasa, Cataluña actúa como puerta de entrada de la pesca submarina. Existen testimonios que relatan increíbles capturas llevadas a cabo por personajes como Antonio Detrell, Juan Gimbernat etc.

Fue el periodista deportivo Carlos Pardo, a través de una convocatoria pública en el Mundo deportivo, el que se dirigió a todos los pescadores submarinos de Cataluña. De esta reunión nació la asociación de pesca submarina (A.P.S.) en Barcelona en 1946, y un año y medio después ya contaba con doscientos socios. Este club fue el primero de España y uno de los primeros en Europa.

Rápidamente la afición por este deporte crece en toda la geografía española, con o sin litoral, y a los buzones del A.P.S. llegan relatos de capturas de numerosos y distantes lugares de España.
Estos son algunos de los nombres más destacados de los orígenes de la pesca submarina en España. A. Sánchez Moreno Prieto, Dr. E. Muñoz de Andalucía, Ramón de Rosello de la Sinia de Menorca, Gabriel mas, José Beltrán y mateo Noguera de Mallorca, Franco Orgaz y Eduardo Amodeo de Madrid, los hermanos Mario, Timoteo Calaorra, Angel Paraja, Enrique Viña y Jose Luis gato de Asturias.

En el seno del A.P.S. nació en 1953 el C.R.I.S., centro de recuperación y de investigaciones submarinas. La nueva entidad se dirigía a todos los submarinistas atraídos por las posibilidades no deportivas del mar y la afición a los temas no científicos. Se estructuró inicialmente en tres secciones; marina, submarina e investigaciones. Años más tare siguió su camino de forma independiente del club materno.
A mediados de los 40, existen ya en el mercado español numerosas marcas que ofrecen material de pesca submarina. Gafas, aletas, fusiles, primeros fusiles de aire comprimido etc.
Paralelamente a esto empieza a desarrollarse la competición deportiva, evolucionando de tal manera en nuestro país que hoy en día somos una de las máximas potencias, teniendo como nuestros a campeones de la talla de Amengual (considerado el mejor pescador submarino de todos los tiempos), José Viña, Pedro Carbonell y Alberto March, así como numerosos jóvenes que amenazan con seguir sus pasos.


>TÉCNICAS DE PESCA

La pesca submarina, al contrario de otros deportes que siempre disponen de un terreno de juego con unas características inalterables, es una actividad que se desarrolla en un medio muy cambiante, en unas condiciones muy variables y hasta incluso, a veces, imprevisibles. Esto hace que no se pueda plantear de una forma exclusiva la práctica de este deporte.

La estación del año, la fecha, la hora, la corriente, la visibilidad, la temperatura, el buen o mal tiempo, la zona de pesca, cualquiera de estos factores y muchos más inciden directa o indirectamente, con más o menos intensidad, en lo que es el entorno físico, el medio en el que el submarinista deberá desenvolverse.

Para cada situación concreta, podríamos establecer un tipo de pesca concreto, pero dada la complejidad de factores que pueden provocar y de hecho provocan tantas y tan variadas situaciones ambientales, el buen submarinista deberá ser sumamente versátil y poseer una buena dosis de capacidad de adaptación a estas diferentes situaciones en las que vaya a encontrarse.


LA PESCA PROFUNDA

-AMIGOS Y ENEMIGOS DEL PROFUNDISTA

La pesca muy profunda (a 30 o más metros) no es muy practicada debido a que es un tipo de pesca en la que es imprescindible conocer y dominar sus leyes para sobrevivir.

Se practica en zonas como Mallorca, costa norte del Mediterráneo, estos lugares son mas adecuados para ello ya que el agua es más cálida y clara y el pescado se desplaza a más profundidad.

Los 3 amigos del profundista: el agua clara, cálida y la ausencia de corriente.

Sus 3 enemigos: todo lo contrario, el agua fría, sucia y la corriente. En el agua sucia la piedra se descubre en el ultimo momento. El agua fría impide que los músculos se relajen; el pescador cuando está rígido es menos hidrodinámico. La corriente impide prepararse adecuadamente y descender en vertical.


-CONSEJOS PARA SER UN BUEN PROFUNDISTA

Para los que los peligros de esta disciplina les parezcan tan solo un reto a superar, ahí van una serie de consejos que te ayudarán a convertirte en un buen profundista.

Las condiciones físicas, el control de la técnica y la preparación psicológica son los tres principios de la pesca profunda.

Resulta muy ventajoso aprender con un compañero en el que confíes plenamente.

Debes proceder por etapas. Cuando uno empieza a sentirse mas o menos cómodo a una profundidad, hay que mantenerse a ese nivel durante cierto tiempo antes de pensar en aumentar la profundidad. La práctica es el único camino que existe para adaptarse a este tipo de pesca tan exigente.

Debemos de repetir y perfeccionar los movimientos hasta que se convierta en un automatismo.

Es importante el entrenamiento para conseguir una buena forma física, imprescindible en esta modalidad. Para esto, la piscina y la bicicleta constituyen una buena base de entrenamiento.
En piscina practicar la apnea dinámica, efectuando largos con aletas seguidos de cortos tiempos de recuperación nadando en superficie.
La bicicleta es un buen método para conseguir unas buenas piernas ya que en el momento critico del final de la apnea te harán mucha falta.

Una buena gestión del aire te ayudará a ganar algunos metros. Todo comienza por una buena ventilación en la superficie, sobre esto hay mucho escrito, pero para mí, lo más aconsejable es hacerlo boca abajo y con el tubo en la boca. En esta primera fase debes intentar espirar adecuadamente, cuando se empieza por la mañana en frío, debe darse prioridad a este gesto para reciclar lo mejor posible el aire residual de los pulmones.
La segunda fase pasa por efectuar 5 ó 6 movimientos respiratorios profundos; la inspiración debe empezar a la altura del abdomen, lo más abajo posible, y acabarse a la altura del tórax, lo más arriba posible, siendo la espiración lenta. Con la última respiración intentaremos relajarnos lo máximo posible para sumergirnos.

Un buen golpe de riñón constituye también una forma de ganar profundidad

Una vez en el fondo has de tener en mente tu objetivo, si no es así, podríamos intentar hacer más de la cuenta, disparar al pez, sacarlo,.. ¡peligro!

En el momento de la subida no debes obsesionarte con la superficie aunque sientas que vas justo de aire. Los aleteos han de ser lentos y constantes, evita mirar hacia arriba excesivamente, y no aceleres cuando estés cerca de la superficie.

Cuando estés arriba, entre apnea y apnea, recupérate inspirando sin el tubo, con la cabeza fuera del agua y sopla, en el agua, el aire por la boca, te recuperarás más rápido

Finalmente, no olvides que en la pesca, en esta modalidad en especial, es imprescindible mucha prudencia y ser consciente de los riesgos que se corren.


LA PESCA A LA ESPERA

Consiste básicamente en jugar con la curiosidad de los peces e intentar que se acerquen lo más posible para poder dispararles.

Uno de los primeros errores que se cometen es el de decir que las esperas se realizan en el fondo. Si bien esto es lo más común; puede ocurrir que se realice en media agua, o en casos más raros, desde la superficie.

Puede que alguna vez hayas intentado quedarte inmóvil en el fondo por que hayas oído hablar a alguien de esta técnica. Supongo que con solo diez segundos de mirar hacia los lados y no ver ni un triste pez en 20 m a la redonda se acabe tu paciencia y hayas desechado por completo esta modalidad, ¿no? Si no es así, puede que algún pez despistado haya sentido curiosidad y merodease a tu alrededor a unos 5 m de ti, y tu, con los pulmones pidiendo auxilio y maldiciendo el poco atrevimiento del dichoso pez optases por la subida, con la consiguiente carcajada del bicho. Bueno, pues eso es una pequeña introducción a la pesca a la espera, que como has podido comprobar, es bastante dificultosa.

Seguramente el poco éxito de tus primeros pinitos en esta modalidad tenga como culpable a una serie de errores que desde aquí intentaremos ayudarte a subsanar.
Esta técnica exige una buena forma física que te proporcionará una mejor apnea y una buena dosis de autocontrol.

Has de elegir con antelación el lugar donde realizarás la espera y controlar la ventilación siempre en función de la profundidad. El descenso es una parte fundamental, ha de ser lo más silencioso posible, y, en los últimos metros dejaremos de mover las aletas dejándonos caer de forma similar a una hoja de un árbol. Momentos antes de posarnos sobre el lugar deseado tendremos el fusil en posición y apuntando al lugar elegido.

Para que el aterrizaje sea lo más silencioso posible, tendremos en consideración la cantidad de lastre a utilizar, ya que si utilizamos demasiado en vez de posarnos prácticamente caeremos, con los consiguientes ruidos que esto provocaría, pero si utilizamos poco, será bastante difícil permanecer quietos en el fondo y estos movimientos podrán mermar nuestras reservas de aire.

Bien, una vez apostados en el lugar que hayamos escogido, solo cabe esperar que la curiosidad del pez le lleve a acercarse lo suficiente a nosotros. Lo que este se aproxime irá, casi siempre, en función de la perfección de nuestra espera, ya que si no permanecemos lo suficientemente inmóviles, éste no se acercara a nosotros, sino que se mantendrá a una distancia prudencial y acabará por irse, por lo que debemos ser lo más discretos posible permaneciendo muy quietos.

Una vez que logres evitar ruidos e inmovilizarte bien, ya solo depende del pez, que si bien hay unos más desconfiados que otros, no siempre se acercarán lo suficiente. En el caso de que el pez se acerque, conviene conocer la reacción de cada pez (te animo a que leas la sección de peces de esta web), y nunca precipitarnos en el momento del disparo, cosa que se consigue con la experiencia y el autocontrol.

Puede que tu espera no sea todo lo fructífera que pretendías y no se acerque ninguna presa. En este caso, procede a realizar una serie de ruidos que puedan atraer la atención de algún pez que esté merodeando por allí. Puedes hacerlos golpeando la culata del fusil con alguna piedra, pero sin pasarse de fuerza, que no es plan de deshacer la culata contra la roca, unos simples golpecitos bastarán. También puedes frotar arena con los dedos o hacer ruidos guturales con la garganta, sobre esto hay infinidad de teorías, haz uno u otro y dependiendo del éxito que tengas con ellos escoge tú mismo.

Otro pequeño consejo es saber que hay ciertos peces que son sensibles a la mirada de su cazador, por lo que aveces es aconsejable cambiar la vista y no mirarlo fijamente, (acuérdate de mirar a la hora de disparar, que si no va a ser difícil que le aciertes) o también puedes tenerlos entrecerrados. Hay unas gafas con efecto espejo que disimulan la mirada del pescador, pero reducen sensiblemente la entrada de luz.


QUÉ ES LA APNEA?

Desgraciadamente, la apnea se encuentra tan al alcance de la mano que parece un juego de niños; sin embargo, las estadísticas sobre accidentes demuestran que esta disciplina, practicada sin conocimiento de causa, resulta más peligrosa que la inmersión con aire comprimido. Pero, ¿qué significa hacer apnea? El término apnea indica la suspensión voluntaria de la respiración. Es posible hacer apnea en seco, es decir, conteniendo la respiración fuera del agua, o bien en inmersión. En este segundo caso se utiliza la autonomía individual para curiosear en el ambiente submarino.

El metabolismo de nuestro cuerpo, es decir, el conjunto de las transformaciones bioquímicas y energéticas que nos permiten vivir, continúa también durante la apnea. Ello significa que incluso cuando contenemos la respiración las células de los tejidos del cuerpo siguen quemando oxígeno (O2) y produciendo anhídrido carbónico (Co2). Estableciendo una analogía bastante tosca podríamos considerar nuestro cuerpo un motor de explosión que funciona gracias al carburante y al oxígeno y que, justamente como consecuencia de su funcionamiento, emite gases de desecho. Hacer que un hombre permanezca en apnea es en cierto modo como poner a funcionar el motor bajo una campana de vidrio: tarde o temprano es necesario retirar la campana si no se quiere que el motor se detenga por la excesiva acumulación de gases de desecho y por la falta del oxígeno necesario para la combustión.

Ahora bien, por lo que se refiere al cuerpo humano, la cantidad de oxígeno consumida y la de anhídrido carbónico producida depende de las características físicas de cada individuo y de algunas condiciones del entorno. Por ejemplo, si se está sometido a un trabajo físico pesado, a tensión o al frío, el consumo de oxígeno y la producción de CO, experimentan un aumento respecto a los valores normales. No obstante, para todos, después de un período de tiempo determinado, surge la llamada hambre de aire, es decir, una irrefrenable necesidad de respirar.

Generalmente, el hambre de aire se advierte como un creciente estado de intolerancia, acompañado a menudo de estímulos musculares en la zona del costado y del diafragma, las conocidas contracciones diafragmáticas que son la señal de alarma que advierte que están a punto de superarse los límites de la tolerancia física ante el estado de no recambio del aire en los pulmones. Si la apnea se interrumpe pronto la sensación de opresión y los estímulos diafragmáticos desaparecen de inmediato y la respiración se recupera a un ritmo inicialmente más intenso de lo normal. Si, al contrario, se persevera en la apnea sin duda se sufrirá una pérdida de conocimiento: el síncope por apnea prolongada. Por tanto, no es difícil entender por qué no se debe exagerar la duración de las apneas. Interrumpir la apnea cuando aparecen los estímulos diafragmáticos es una regla inaplazable para la seguridad de todo submarinista, porque cualquier acción que no sea la suspensión de la apnea puede tener consecuencias trágicas.


ADAPTACIONES ESPONTÁNEAS DEL ORGANISMO

Cada vez que se introduce la cabeza bajo el agua y con una voltereta se inicia una apnea, el cuerpo humano reacciona con adaptaciones espontáneas a la entrada en el inhabitual ambiente subacuático. Son adaptaciones espontáneas que el submarinista no percibe y que no nos deben preocupar en absoluto; las menciono únicamente por deber de información, La ralentización de la frecuencia de las contracciones cardíacas bradicardia, tan pronto como una persona introduce la cabeza bajo el agua, es hoy en día un fenómeno muy conocido para cualquier experto en medicina subacuática.

Más reciente es el descubrimiento de anomalías electrocardiográficas y de variaciones de la presión corporal, que experimenta primero un descenso y luego un aumento lento pero constante. También se ha observado, en el curso de análisis médicos, una variación temporal del PH de la sangre, pero como repito, si las condiciones físicas de quien se sumerge son buenas, no hay razón para preocuparse. Una de las adaptaciones del cuerpo humano tal vez más interesantes de subrayar, debida al aumento de la presión hidrostática, es el llamado fenómeno de la compensación espontánea por parte de la sangre (blondo shift).

A medida que se desciende bajo el agua, la sangre afluye en mayor cantidad a la circulación pulmonar (circulación menor) y este traslado de la sangre, más abundante cuanto mayor es la profundidad alcanzada, sirve para compensar la compresión de los pulmones y de la caja torácica. En definitiva, la sangre, que es un líquido (y por tanto es incomprimible), va a irrigar de forma copiosa los pulmones para evitar su aplastamiento por parte de la presión hidrostática.


LA COMPENSACIÓN

Casi todo el mundo compensa, pero pocos -a excepción de los submarinistas- conocen la mecánica exacta de esta operación. En funicular, en una carretera de montaña o en avión, comer un caramelo para destaparse las orejas es realizar una compensación. En efecto, compensar significa restablecer el equilibrio entre la presión externa (ambiente) y la interna de la membrana timpánica (cavidad del oído medio). Sabemos que al movernos bajo el agua nos sometemos a la presión hidrostática que actúa en todas las partes de nuestro cuerpo y que dicha presión aumenta proporcionalmente a la profundidad. Como es lógico, la membrana timpánica no constituye una excepción.

A medida que se desciende, en la pared externa del tímpano se ejerce una presión cada vez mayor que lo dobla hacia dentro. Para evitar que sea desgarrado por la presión hidrostática, el hombre ha aprendido a introducir aire en el oído medio para compensar la diferencia de presión y volver a situar la membrana en condiciones de equilibrio. Esta maniobra se llama precisamente compensación ,forzada. La compensación es posible gracias a las trompas de Eustaquio, dos conductos (uno por cada oído) que comunican la cavidad del oído medio con la zona nasofaríngea y por tanto con los pulmones. Pero estas trompas, que tienen las paredes revestidas de mucosa similar a la nasal, no se presentan casi nunca abiertas naturalmente al paso del aire. De ahí la necesidad de efectuar una maniobra para que el aire pueda pasar de los pulmones al oído.

Los métodos más comunes de compensación forzada son tres: 1 a deglución, la maniobra de Valsalva y el método Marcante-Odaglia. La simple deglución, la natural contracción de la garganta que se produce cada vez que se traga saliva o un bocado, provoca una compensación casi natural del oído sin necesidad de taparse la nariz. Sin embargo, muchas veces esta maniobra resulta poco eficaz, sobre todo para las personas que tienen trompas particularmente estrechas.

La maniobra tal vez más conocida toma su nombre del médico Antonio María Valsalva, quien a comienzos del S. XVIII inventó un método para tratar la otitis purulenta: perforaba el tímpano del paciente, le hacía reclinar la cabeza hacia abajo y efectuar un gran esfuerzo respiratorio con nariz y boca muy apretados. Por reacción la materia malsana era expulsada del oído. Perforación del tímpano aparte (lógicamente), el submarinista que compensa utilizando la maniobra llamada de Valsalva se tapa la nariz y, tratando de espirar con la boca cerrada, crea una sobrepresión intratorácica que repercute a través de las trompas hasta el oído medio, compensando así la presión que ejerce el agua en la cara externa del tímpano. Aunque es muy fácil de realizar, esta maniobra es desaconsejada por la mayoría de los médicos porque su efecto contrarresta la compensación espontánea de la sangre en la circulación menor, es decir, hacia los pulmones (blood shift). Como hemos visto en el apartado anterior, durante el descenso en profundidad la sangre, que es un tejido líquido y por tanto incomprimible, afluye a los pulmones para equilibrar el aumento de presión que se ejerce desde el exterior sobre la caja torácica.

Así pues, provocar artificialmente una sobrepresión pulmonar se opone al fenómeno de defensa natural puesto en práctica por el organismo. Ésta es la razón de que la maniobra de Valsalva esté tan controvertida, sobre todo en los casos de apnea efectuada a gran profundidad. En cambio, sin contraindicaciones y de óptima eficacia es la maniobra de compensación inventada por el binomio Marcante-Odaglia, un método que todo el mundo debería aprender bien. En este caso se trata de hacer presión con la lengua hacia atrás, en forma de pistón, contra el paladar blando, llenando la faringe y comprimiendo con la nariz tapada el aire de esa zona en el oído medio. Así, resulta posible crear una presión de 2/10 de atmósfera sin utilizar el aire de los pulmones. Las ventajas de esta maniobra son numerosas: como he dicho se evita una alteración cardiocirculatoria, empleando además una parte reducida de los músculos; por otra parte, la ejecución es rápida y puede tener lugar con los pulmones semivacíos o incluso en condiciones de máxima espiración.


EL SÍNCOPE POR APNEA PROLONGADA

El síncope por apnea prolongada es la causa de muerte más frecuente en los accidentes sufridos por submarinistas expertos. Por tanto, será conveniente guardar la información proporcionada en estas líneas y a ser posible desempolvarla de vez en cuando, ya que tener en cuenta los peligros sin duda ayuda a la seguridad de la inmersión. Como ya hemos visto, durante la apnea las células del organismo siguen produciendo anhídrido carbónico (co2) y consumiendo oxígeno (O2). La sangre transporta el co2 hacia los pulmones y aquí, mediante los intercambios alveolares, la sangre debería enriquecerse nuevamente en oxígeno, pero éste disminuye por efecto de la interrupción de la respiración.

El aumento del porcentaje de Co2 en los pulmones determina el hambre de aire que da origen casi siempre a los estímulos diafragmáticos: el diafragma comienza a contraerse tratando de volver a mezclar el aire contenido en los pulmones y de utilizar también el oxígeno de las zonas respiratorias muertas como la tráquea. Si no se reanuda la respiración surge el síncope. Un síncope por apnea prolongada se manifiesta como una súbita pérdida de conocimiento con interrupción de la respiración y, en los casos más graves, suspensión cardiocirculatoria. Todo ello se debe al descenso del porcentaje (y por tanto de la presión parcial) del oxígeno en la sangre arterial.

En la fase inicial de un síncope por apnea prolongada el centro bulbar de la espiración se bloquea, de forma que el individuo no espira mientras pierde el conocimiento. En efecto, la mandíbula inferior permanece contraida contra la superior y los labios están apretados. Este estado es favorable a efectos de una recuperación y de inmediatas operaciones de reanimación del submarinista que ha sufrido el síncope. Pero se tiene que hacer rápidamente porque las células cerebrales sólo pueden permanecer unos pocos minutos sin aprovisionamiento de oxígeno. En efecto, cuatro o cinco minutos de anoxia pueden ocasionar daños irreversibles en las células nerviosas.

Cuando las condiciones del submarinista no se ven complicadas por otros factores, tras una primera fase de bloqueo de los centros bulbares la respiración puede reanudarse de forma espontánea con actos arrítmicos y de elevada frecuencia. Ésta es la segunda fase del síncope, la de la recuperación inconsciente. Es obvio que si el submarinista, en este momento, no se ha recuperado todavía, sufrirá un anega miento de las vías respiratorias, que se hace completo con la aparición de la tercera y definitiva fase del síncope: la del relajamiento muscular. Por lo que hemos dicho en estas pocas líneas resulta claro que nunca se debe practicar la apnea en solitario, puesto que en la desgraciada eventualidad de síncope la ayuda de un compañero debe llegar en escasos minutos.


EL RIESGO DE SÍNCOPE EN LA APNEA PROFUNDA

Hacer apnea en profundidad es diferente que sumergirse en pocos metros de agua, dado que cuando la presión hidrostática se hace relevante intervienen algunos factores que modifican la fisiología del organismo humano. En efecto, cuando un submarinista se somete en apnea a una presión elevada (sinónimo de elevada profundidad) su tórax disminuye de volumen porque los pulmones están llenos en su mayor parte de aire, el cual, por su naturaleza de gas, es comprimible. Por ello, al disminuir el volumen aumenta la presión del aire dentro de los pulmones y por tanto la presión parcial del oxígeno contenido en el aire de los pulmones. Esto significa (según la ley de Henry) que puede pasar a la sangre una cantidad mayor de oxígeno y durante más tiempo respecto a la que pasaría estando en la superficie.

Así pues, la duración de la apnea en profundidad aumenta por una mayor disponibilidad de oxígeno utilizable. Sin embargo, hemos de rendir cuentas al subir a la superficie, cuando el tórax recupera el volumen original. En efecto, al aumentar el volumen pulmonar se produce una súbita caída de la presión del aire y por tanto de la presión parcial del oxígeno que hay en los pulmones. Ello hace que se pueda descender repentinamente por debajo del límite mínimo de oxígeno necesario para el funcionamiento regular del cuerpo humano. Se produce así el síncope anóxico.

Algunas veces el desequilibrio creado puede incluso invertir el curso del oxígeno, que pasa de la sangre al aire alveolar y deja en anorexia los tejidos nerviosos. En estos casos el submarinista cae en síncope al final de la apnea, en el momento en que se está acercando a la superficie para emerger. En ciertas ocasiones ha ocurrido incluso que el submarinista, después de haber prolongado excesivamente una apnea en profundidad, ha perdido el sentido precisamente al emerger con la cabeza ya fuera del agua, en el momento de espirar el aire que tenía en los pulmones. Ello se debe a que la última caída de presión debida a la espiración ha acabado de romper el equilibrio físico que ya había llegado al punto crítico. En casos similares la intervención del compañero de inmersión es de vital importancia, porque el submarinista que ha perdido el sentido en la fase espiratoria tiende a hundirse y por tanto no tendría posibilidades de salvación sin la ayuda de otro submarinista.

Además de insistir en que quien practica la apnea nunca debe sumergirse solo, el razonamiento anterior sugiere no llevar demasiado lejos las apneas en profundidad, aunque se esté gozando de un tranquilo estado de bienestar físico, puesto que se podrían superar los límites sin darse cuenta. Además, a lo largo de toda la duración de una apnea, nunca hay que descargar aire, ni siquiera en los últimos metros del ascenso, porque la caída de la presión parcial del oxígeno podría procurarnos la pérdida del conocimiento. Recordemos además que el cansancio durante la apnea acelera el consumo del oxígeno disponible y por tanto reduce la autonomía; lo mismo ocurre con el frío. Por último, la hiperventilación aumenta considerablemente el riesgo de síncope como consecuencia de una apnea profunda, pero éste es el tema que analizamos de forma detallada en el siguiente apartado.


LOS RIESGOS DE LA HIPERVENTILACIÓN

La hiperventilación es bastante arriesgada y hoy en día se desaconseja en la mayoría de los cursos de adiestramiento subacuático, o al menos se desaconseja prolongarla más allá de algunos actos respiratorios. Veamos en qué consiste. Hiperventilarse significa respirar varias veces consecutivas a pulmones llenos, es decir, aumentar voluntariamente los litros de aire respirados en la unidad de tiempo. Recurren a ella a menudo tanto los principiantes como los expertos para mejorar sus prestaciones en apnea, pero es arriesgada porque puede llevar al síncope anóxico sin que aparezca el hambre de aíre y los estímulos diafragmáticos que constituyen nuestras señales de alarma.

La hiperventilación enriquece la sangre en oxígeno en una proporción mínima, pero baja considerablemente el índice de co2; por ello debe considerarse una descarbonización más que una oxigenación. Como la acumulación de co2 es el resorte que hace saltar los estímulos para la respiración, hiperventilarse retrasa las contracciones diafragmáticas. En definitiva se obtiene sólo un retraso en la aparición de los estímulos para respirar, pero una verdadera prolongación de la apnea. Una recomendación que no hay que olvidar es, por tanto, la de no prolongar la hiperventilación durante más de 4 o 5 actos respiratorios. Existe el riesgo de caer en síncope anóxico al final de la apnea sin ni siquiera darse cuenta. También se desaconsejan absolutamente las respiraciones forzadas contra resistencia, por ejemplo ventilarse de forma violenta a través de un tubo de pequeño diámetro, lo cual fuerza la afluencia de la sangre a los pulmones y expone al deportista a un edema pulmonar con riesgos gravísimos.


LA TÉCNICA DE LA INMERSIÓN EN APNEA

No describiré el correcto estilo de un submarinista porque considero que la mejor forma de aprenderlo es practicar en el agua bajo la mirada de un instructor. De todos modos, podemos ver en las secuencias fotográficas de este manual algunos ejemplos de cómo hay que moverse en el agua y varios ejercicios básicos de los que se realizan en la piscina cuando se participa en un curso de submarinismo. Como planteamiento general debemos tener en cuenta que un buen submarinista siempre debe economizar sus energías, sin cansarse nunca en exceso; ha de moverse de la forma más hidrodinámica posible con un ritmo de las aletas amplio y eficaz, con las piernas estiradas y sin doblar demasiado la rodilla.

Un buen submarinista se desliza por el agua con natural elegancia, sin salpicar demasiado y controlando constantemente sus movimientos. Pero veamos qué se debe hacer para sumergirse en apnea. La voltereta es el movimiento con que el submarinista entra en el mundo sumergido; una vez acabada la voltereta, el tubo respirador ya no es de ninguna utilidad y por tanto es conveniente que el submarinista escupa el bocado. Retirar el bocado de la boca es útil porque:

En caso de síncope la boca permanece cerrada durante un tiempo y la ausencia de la boca del tubo elimina una posible vía de agua hacia los pulmones;

Se evitan las molestas vibraciones del tubo;

Se impide que el tubo respirador se atasque en las rocas y ensanche la máscara;

No se desperdician energías para vaciarlo al emerger.

Apenas se ha terminado la voltereta y escupido la boca del tubo respirador es conveniente efectuar la maniobra de compensación para restablecer el equilibrio de presión en el tímpano. En el fondo el submarinista se desplaza moviendo las aletas, pero también utilizando las manos para aprovechar asideros y apoyos. Se desaconseja fatigarse y esforzarse en trabajos pesados cuando se practica la apnea en el fondo, así como aventurarse en apnea en grutas y sinuosidades donde podríamos quedar atrapados o golpearnos la cabeza. Al aparecer la primera contracción diafragmática (o, para quien no las advierta, a la primera manifestación de hambre de aire, sollozo o deseo espasmódico de tragar) es necesario iniciar el ascenso sin dilación. Es absolutamente irracional pasar más tiempo en el fondo después de tales señales de alarma, pues se corre el riesgo de perder el conocimiento.

Para ascender se mueven las aletas de forma amplia y regular, en los últimos metros para ahorrar oxígeno es conveniente dejar de mover las aletas, aprovechando el impulso natural de flotación. Si hemos apurado la apnea, al ascender es conveniente recuperar el aire que hay en la máscara, inspirándolo por la nariz. No se debe nunca descargar aire durante la apnea ni en la fase de ascenso. Si se tiene la impresión de haber apurado la apnea, es conveniente desenganchar los lastres. Una vez se ha emergido hay que dejar que la respiración vuelva a un ritmo normal antes de emprender otra apnea.

Como regla general nunca se debe estar solo; si los submarinistas son dos, por turno, mientras uno está en apnea, el otro debe vigilarlo desde la superficie para estar dispuesto a intervenir en cualquier momento en ayuda de su compañero. Además, siempre es mejor disponer de una barca de apoyo si se está lejos de la orilla. Asimismo, es importante (además de estar prescrito por la ley) que la persona que está practicando la apnea se ate el cuerpo a una boya señalizadora que pueda permitir localizarlo y recuperarlo en caso de malestar. Si el cordel de la boya se enreda en el fondo el submarinista debe poder cortarlo al instante con un cuchillo afilado que siempre deberá llevar consigo.

Como ya hemos dicho, se desaconseja hiperventilarse durante más de 4 o 5 actos respiratorios antes de emprender la apnea. Por último, es conveniente recordar también la importancia de protegerse adecuadamente del frío con un traje flexible y que permita una respiración natural sin oprimir garganta y tórax; también es aconsejable, en el caso de inmersiones en mares tropicales, protegerse con un traje ligero del contacto con animales urticantes y en especial del conocido y difundido coral de fuego.


CONTRAINCICACIONES EN LA PRÁCTICA DE LA APNEA

Ya hemos visto que para hacer apnea es necesario contar con una sana constitución física y que se recomienda someterse anualmente a una minuciosa visita de control; veamos ahora cuáles son las situaciones contraindicadas para la práctica de este deporte. Ante todo, hay que dejar a un lado los excesos de cualquier naturaleza: excesos alimentarios, de bebidas alcohólicas, de fatiga y de tensión. Ello no significa que el apneísta deba entrar en el agua con el estómago vacío, al contrario, debe nutrirse, pero no de forma exagerada y a ser posible con alimentos energéticos y fáciles de digerir, respetando siempre la pausa de unas tres horas para la digestión.

En la dieta del submarinista se aconseja la inclusión de miel, mermelada, azúcar y pan. Está absolutamente desaconsejado excederse en el consumo de bebidas alcohólicas antes de la inmersión, incluso la noche anterior. Igualmente contraindicado resulta apurar las apneas cuando se está cansado o bien cuando se sale de un período de particular tensión o se ha hecho uso de analgésicos, calmantes, somníferos, excitantes o drogas. También el humo de cigarrillo está contraindicado para el apneísta. Si se desaconseja sumergirse cuando no se está en perfecta forma, sería de inconscientes introducirse en el agua con una enfermedad por enfriamiento en curso (o durante la convalecencia). En efecto, ello podría provocar inmediatos daños en el oído e inflamaciones de las distintas mucosas, acompañadas de náuseas y mareos. Recuérdese por último que nunca hay que practicar la apnea después de una inmersión con botellas de aire comprimido.

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